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Fux, Gradus ad Parnassum · Español

Johann Joseph Fux · sección 1 de 32

Diálogo

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Josephus. Acudo a ti, venerado Maestro, para ser instruido en los preceptos y principios de la música.

Aloysius. ¿Cómo? ¿Deseas aprender composición musical?

Joseph. Sí, en efecto.

Aloysius. ¿No sabes que el estudio de la música es un mar inmenso, que ni siquiera en los años de Néstor podría llegar a su fin? En verdad pretendes emprender algo difícil, una carga más pesada que el Etna. Si la elección de cualquier modo de vida está llena de dificultad, puesto que de que esa elección se haga recta o erradamente depende la buena o mala fortuna de toda la vida restante, ¡cuánta previsión y cautela debe emplear quien piensa entrar en esta disciplina, antes de atreverse a formar y decidir su propósito! Pues los músicos y los poetas nacen. Debes recordar y pensar si, desde tierna edad, te sentiste impulsado a este estudio por algún impulso especial de la naturaleza, y si el deleite de la música armoniosa te conmueve profundamente.

Joseph. Profundísimamente, en verdad. Desde un tiempo en que aún no tenía pleno uso de razón, me he visto arrebatado por la fuerza de un ardor que no sé explicar, dirigiendo todos mis pensamientos y todo mi cuidado hacia la música. Aun ahora, inflamado por un deseo verdaderamente admirable de aprenderla, me siento arrastrado hacia ella casi contra mi voluntad, y de día y de noche mis oídos parecen resonar con dulce melodía. Así pues, me parece no tener en absoluto motivo para dudar de la verdad de mi vocación. Tampoco me aparta el peso del trabajo: con la ayuda de la naturaleza, confío en que superarlo no me será difícil. Pues oí decir a un anciano que el estudio es más placer que trabajo.

Aloysius. Me alegra maravillosamente conocer tu inclinación natural. Te plantearé una sola dificultad más; una vez removida, te inscribiré entre mis discípulos.

Joseph. Habla con libertad, respetado Maestro. Pero estoy seguro de que ni esta razón tuya ni ninguna otra me atemorizará hasta hacerme abandonar el plan que he formado.

Aloysius. ¿Acaso te tienta a abrazar este modo de vida la esperanza de futuras riquezas y de una abundante posesión de bienes? Si así están las cosas, créeme, cambia de propósito. Pues no es Pluto, sino Apolo, quien preside el Parnaso. Quienes arden en deseo de riquezas y quieren hallar el camino hacia ellas deben tomar otra vía.

Joseph. En absoluto. Quisiera que estuvieras convencido de que mi deseo no tiene otro fin que el amor mismo a la música, apartado de todo afán de lucro. Añado, además, que recuerdo que mi maestro me aconsejó muy a menudo que, contentos con un modo de vida modesto, procurásemos más la virtud, la fama y el buen nombre que la riqueza, porque la virtud es su propia recompensa.

Aloysius. Me alegro increíblemente de haber hallado a un joven conforme a mi temperamento. Pero ¿conoces todo lo dicho en el libro precedente sobre los intervalos, la división de las consonancias y disonancias, los distintos tipos de movimiento y las cuatro reglas?

Joseph. Por lo que creo, pienso que ninguna de esas cosas me es desconocida.

Aloysius. Pasemos entonces a la obra, tomando nuestro comienzo del mismo Dios, tres veces grande, fuente de todo saber.

Joseph. Antes de comenzar las lecciones, permíteme, venerado Maestro, preguntar primero qué se entiende por el nombre de contrapunto. Oigo esta palabra tan común usada con tanta frecuencia, no solo en boca de los expertos, sino incluso de quienes son ajenos al arte de la música.

Aloysius. Preguntas con razón, pues este será el objeto principal de nuestro estudio y trabajo. Debes saber que en tiempos antiguos se usaban puntos en lugar de las figuras modernas de las notas. Así, la composición hecha colocando puntos contra puntos llegó a llamarse contrapunto. Ese nombre se sigue usando hoy, a pesar de las diferentes figuras de las notas, y por contrapunto se entiende una composición elaborada según las reglas del arte. El contrapunto, como género, contiene varias especies, que examinaremos sucesivamente. Comencemos, entretanto, por la especie más simple, a saber: