1. a) Las tríadas en estado fundamental pueden usarse en cualquier lugar.
b) Los acordes en primera inversión sirven para producir una conducción variada de las voces, especialmente de las exteriores, bajo y soprano, y para hacer posible la preparación de disonancias.
c) Los acordes de cuarta y sexta deberían usarse en general con mucha moderación, preferentemente con fines cadenciales, que se mostrarán después. Las formas de paso, usadas con moderación, son aconsejables porque el bajo se mueve. Aquellas en que el bajo debe permanecer inmóvil deberían usarse con cautela. A veces son necesarias para preparar disonancias.
2. a) Los acordes de séptima pueden ocupar cualquier lugar de las tríadas, siempre que se aseguren preparación y resolución. Se usarán preferentemente donde la séptima pueda dar al acorde una dirección hacia su resolución u otro tratamiento, de modo que el movimiento necesario —V–I y, como se mostrará después, V–VI y V–IV— siga entonces, por así decirlo, inevitablemente.
b) Las inversiones de los acordes de séptima, bajo las mismas condiciones que sus estados fundamentales, mejoran la conducción de las voces. La tercera inversión, en particular, es muy adecuada para introducir una tríada en primera inversión.
3. Las tríadas disminuidas, inicialmente solo en las progresiones ya practicadas, II–VII–III y IV–VII–III, también son adecuadas, mediante su disonancia, para dar apariencia de necesidad a la llegada de un grado, III. El acorde de séptima sobre VII intensifica este efecto. Las inversiones sirven a los mismos propósitos que en los demás acordes.