§ 14. En los ejercicios anteriores conservamos el sonido común en la misma voz al enlazar dos acordes, obteniendo así mayor belleza y suavidad en las progresiones armónicas. Sin embargo, solo necesitamos observar esta regla mientras no impida nuestro verdadero objetivo: una conducción libre e independiente de las voces.
Buscaremos alcanzar gradualmente este objetivo dejando de lado en ocasiones las reglas restrictivas que al principio debían protegernos del error. Incluso ahora podríamos hacerlo ocasionalmente, siempre que mejore la conducción de las voces. Se ha dicho, por ejemplo, que las voces superiores no deben estar demasiado agudas. Si podemos evitarlo apartándonos de la regla en cuestión, podemos hacerlo con las precauciones necesarias. Debemos tener presentes principalmente estos puntos:
1) Dos tríadas, por estrecha que sea su relación interna y externa, nunca deben sucederse directamente en la misma posición, pues necesariamente aparecerían quintas y octavas paralelas.
3) En este caso, el bajo debe avanzar en movimiento contrario a las voces superiores para que no se formen quintas y octavas ocultas.
Además de las quintas y octavas paralelas o manifiestas, también existen las ocultas. Surgen cuando dos voces saltan por movimiento paralelo hacia una quinta u octava.
En los ejemplos siguientes, por tanto, solo son admisibles las excepciones a la regla en cuestión si se puede emplear movimiento contrario en el bajo.
Si la sensible, tercera de la tríada de dominante, está en el soprano y la dominante va seguida de la tónica, no se permite la excepción, pues la sensible tiende a ascender un semitono hasta la tónica. Si está en una voz interna, podemos hacerla descender una tercera.
Lo mismo se aplica a la tríada de tónica seguida por la de subdominante. En este caso, la tercera de la tónica participa del carácter de sensible, pues estos acordes mantienen la misma relación que dominante y tónica.