Johann Joseph Fux · sección 5 de 32
Ejercicio I
Lee y escucha esta sección en la edición reproducible →Cuarta lección
Sobre la cuarta especie de contrapunto
Esta especie consiste en dos mínimas contra una semibreve, colocadas en una misma altura y unidas por una línea curva; la primera debe caer en la arsis y la segunda en la thesis. Esta especie se suele llamar Ligadura, o Síncopa, y es de dos clases: consonante y disonante.
Una ligadura consonante es aquella en la que ambas mínimas, la de la arsis y la de la thesis, son consonantes. Los ejemplos aclararán el asunto.
Ligaduras consonantes

Ligaduras disonantes: la primera nota, es decir la de la arsis, es consonante —como siempre debe serlo—, mientras que la segunda, la de la thesis, es disonante, como puede verse en el siguiente ejemplo.
Ligaduras disonantes

Además, puesto que aquí las disonancias no se dan accidentalmente, o por disminución, como en las especies precedentes, sino sustancialmente y en la thesis, y puesto que, al ser desagradables al oído, no pueden ofrecer nada grato por sí mismas, deben derivar su agrado de la consonancia que las sigue inmediatamente, en la que se resuelven. Por ello, debemos hablar ahora
Sobre la resolución de las disonancias
Antes de emprender la explicación de cómo deben resolverse las disonancias, conviene saber que las notas ligadas, como atadas por cadenas, no son otra cosa que un retardo de la nota siguiente, tras el cual parecen salir a la libertad, como liberadas de la servidumbre. Por esta razón, las disonancias deben resolverse siempre en la consonancia más próxima, moviéndose hacia abajo por grado, como se ve claramente en el siguiente ejemplo:

Con el retardo suprimido, este ejemplo toma la siguiente forma:

De esto se sigue que será fácil saber en qué consonancia debe resolverse cualquier disonancia: a saber, en aquella que se encuentra inmediatamente en la thesis del compás siguiente cuando se suprime el retardo. De ahí que, cuando el cantus firmus está en la parte inferior, una segunda deba resolverse en un unísono, una cuarta en una tercera, una séptima en una sexta y una novena en una octava. Este principio se funda tan firmemente en la verdad que, por esta razón, no está permitido proceder por ligadura ni de un unísono a una segunda ni de una octava a una novena, como puede verse en los siguientes ejemplos.

Con ese retardo suprimido, verás una sucesión inmediata de dos unísonos en el primer ejemplo y de dos octavas en el segundo, de esta manera:

Lo contrario sucede si el paso se hace de una tercera a una segunda y de una décima a una novena, de esta manera:

Estos casos son correctos, porque seguirían siendo válidos incluso suprimiendo el retardo, o ligadura, de la siguiente manera:

Habiendo mostrado qué disonancias pueden usarse y cómo deben resolverse cuando el cantus firmus está en la parte inferior, queda por explicar qué disonancias tienen cabida, y cómo deben resolverse, cuando el cantus firmus está en la parte superior.
Digo, pues, que aquí puede usarse una segunda resuelta en una tercera, una cuarta resuelta en una quinta, y una novena resuelta en una décima. Por ejemplo:

Joseph. ¿Por qué omites aquí la séptima? ¿Acaso no puede usarse, entonces, cuando el cantus firmus está en la parte superior? No te moleste decirme la razón.
Aloysius. Confieso que omití deliberadamente la séptima aquí. Apenas puede darse otra razón que la grave autoridad de los maestros clásicos, a la que debe atribuirse gran importancia en la práctica; apenas se encuentra alguno de ellos que haya usado una séptima resuelta de este modo en una octava.

Podría quizá decirse que una séptima resuelta de este modo no es aceptable porque se resuelve en una consonancia perfecta, a saber, una octava, de la cual puede obtener muy poca armonía; si no fuera porque, en esos mismos maestros, se halla con frecuencia la segunda, que es la séptima invertida, resolviéndose en un unísono, del cual, por ser la más perfecta de las consonancias, la disonancia puede obtener aún menos armonía. En este asunto creo que debemos atenernos al uso establecido por maestros autorizados. Examinemos un ejemplo de la séptima invertida en segunda y resuelta en unísono:

Joseph. Antes de proseguir con el ejercicio, permíteme preguntar, con tu venia, si un retardo, o ligadura, en una disonancia puede también darse en ascenso. Pues los siguientes ejemplos parecen tener igual fundamento:

Aloysius. Planteas una cuestión más difícil de desatar que el nudo gordiano, la cual tú, todavía en el umbral de esta disciplina, no puedes comprender, y que por ello debe resolverse en otro lugar. Aunque, suprimido el retardo, las terceras parezcan tener igual fundamento tanto en el ascenso como en el descenso, se explicará, sin embargo, en su lugar propio, como dije, que subyace cierta diferencia. Entretanto, por mi autoridad de maestro, te digo que todas las disonancias deben resolverse descendiendo a la consonancia más próxima. En cuanto al penúltimo compás de esta especie, debe concluir con una séptima resuelta en una sexta si el cantus firmus está en la parte inferior; pero si el cantus firmus está en la parte superior, debe terminar con una segunda resuelta en una tercera menor, pasando de allí a un unísono.
Joseph. ¿Debe darse a cada compás su propia ligadura?
Aloysius. Ciertamente, donde sea posible. Pero a veces encontrarás un compás en el que no hay lugar para una ligadura; en ese caso el compás debe rellenarse con mínimas sueltas, hasta que se presente la ocasión de hacer una ligadura. Ven, y aplícate a las ligaduras.

Has hecho bien, en verdad; pero ¿por qué omitiste la ligadura en el quinto compás? Podría haberse hecho si, después de esa tercera, hubieras usado una quinta; esta habría sido la primera nota de la ligadura, y, permaneciendo en la misma línea del pentagrama, habrías tenido otra ligadura en la thesis del compás siguiente, a saber, una sexta. Pues dije que no debía dejarse pasar ninguna ocasión.
Joseph. Ciertamente podría haberlo hecho, pero lo omití deliberadamente para evitar una repetición fastidiosa, pues inmediatamente antes, en el tercer y cuarto compás, había colocado las mismas ligaduras.
Aloysius. Has ejercido un juicio bastante prudente, pues debe concederse no poco tanto a la línea melódica como a la gracia de la progresión. Continúa.





Aloysius. Que estos ejemplos basten por ahora. Puesto que las ligaduras añaden no poco condimento a la armonía musical, te recomiendo no solo que recorras de este modo los cantus firmi de los tres modos restantes, sino también que busques otros y te ejercites ampliamente en esta especie; nunca la practicarás lo suficiente.
En vista de la gracia de la especie siguiente, adelanto aquí que las ligaduras tratadas hasta ahora pueden hacerse también de otro modo. Estas formas no alteran en absoluto su sustancia, pero dan a la armonía un movimiento más veloz. Por ejemplo:

De ello se entiende claramente que el primer y el tercer caso son la sustancia; los siguientes, donde se añade «lo mismo», son variaciones empleadas ya sea por causa de la melodía o del movimiento. Una ligadura también suele romperse de la siguiente manera:

Además, a veces pueden mezclarse dos fusas en la especie siguiente. Estas deben colocarse, sin embargo, en la segunda y cuarta parte del compás, y nunca en la primera y la tercera.

Entendidas estas cosas, sea