Johann Joseph Fux · sección 27 de 32
Sobre diversos sujetos de fuga
Lee y escucha esta sección en la edición reproducible →No hace mucho se mencionaron las fugas o sujetos irregulares. Quiero que esta irregularidad se entienda respecto de aquellos sujetos cuya parte consecuente responde correctamente a la parte inicial sin la ayuda de un sostenido o un bemol, como en los sujetos adaptados al género diatónico. Por lo demás, apartándonos del rigor del género diatónico, sujetos como los que aquí tratamos pueden tener no obstante su propia regularidad si están construidos según el modo. Te corresponde ahora a ti, Joseph, proponer diversos sujetos de tu propia invención, distintos de los que hemos empleado hasta ahora.
Joseph. Lo haré sin selección alguna, tal como me vengan a la mente.

Aloysius. ¿De qué manera formarás la parte que responde?
Joseph. A mi modesto juicio, creo que puede hacerse de dos maneras. Una, que la última nota de la parte que responde termine de modo conveniente al modo; la otra, siguiendo la solmisación. Por ejemplo:

Aloysius. Ambas maneras son legítimas, aunque por razones distintas. La primera, porque su última nota cae correctamente en una cuerda del modo. La segunda, porque su última nota tuvo en cuenta la solmisación.
Joseph. ¿Cuál de las dos te parece preferible?
Aloysius. La segunda manera de responder no ha de despreciarse por dos razones. Primera, porque así se atiende más al arte de cantar. Segunda, porque no se aparta tanto del curso del sujeto. Ten por principio firme abstenerte, en la medida de lo posible, de romper un sujeto a menos que una razón de peso lo exija, pues la consideración del canto tiene prioridad sobre la del modo: porque una carencia del modo puede suplirse fácilmente haciendo cantar a la otra parte y sosteniendo alguna nota perteneciente al modo por encima de aquella nota que se halla fuera de sus cuerdas. Por ejemplo:

Aplíquese el mismo juicio al sujeto siguiente. Por ejemplo:

Estos dos sujetos pueden llamarse regulares o irregulares según diferentes puntos de vista. Irregulares, porque no están situados en su propio modo, y por ello el semitono que en ambos casos se da en la parte superior tuvo que producirse con ayuda de un bemol. Pueden llamarse regulares respecto del género mixto, hoy en día el más usado.

Joseph. ¿Qué quieres decir cuando afirmas que los sujetos no están situados en su propio modo?
Aloysius. Si te muestro un modo en el que ese semitono pueda obtenerse sin bemol, ¿no será eso una prueba evidente de que los sujetos pertenecen allí?
Joseph. Así me lo parece, en efecto. Pero ¿cuál es ese modo?
Aloysius. El modo La. Por ejemplo:


Joseph. Esto es ciertamente digno de observarse.
Aloysius. Pero un bemol colocado al principio, fuera de la melodía, indicará un modo transpuesto una cuarta hacia arriba. En ese caso los sujetos han de llamarse, no obstante, regulares y conformes a su modo. Por ejemplo:

Pero en el tiempo presente, en que el género mixto se ha impuesto con gran fuerza, estas sutilezas, aunque necesarias para un entendimiento genuino de los modos, no se atienden demasiado. Prosigue ahora proponiendo otros sujetos.

Joseph. Viendo el signo de error colocado en la tercera nota, compruebo que no sin razón dudé al responder. ¿Cuál es la causa del error?
Aloysius. El intervalo entre la primera y la tercera nota del sujeto, que consiste en una séptima; pues la nota intermedia no tiene fuerza suficiente para encubrir la impropiedad de ese salto. En sujetos de este tipo, en los que entre la primera y la segunda nota se da un salto de cuarta, debe prestarse por ello gran atención a la tercera nota, de modo que diste de la primera nota del sujeto, en la parte que responde, el mismo intervalo que en la parte que propone el sujeto. Ahora bien, en la parte inicial se halla entre dichas notas un salto de sexta; el mismo intervalo, por tanto, ha de darse a la parte que responde. Por ejemplo:

Joseph. De este modo parece que tanto el sujeto como el curso melódico salen fuera de los límites del modo.
Aloysius. En absoluto. Puesto que el sujeto, en la parte que lo propone, no termina en la octava del modo, ¿cómo podría la parte que responde terminar en la quinta de ese mismo modo? Además, ¿no están todos los intervalos del sujeto y del curso melódico contenidos por naturaleza dentro de la octava del modo? Pero si, anteponiendo un sostenido al principio, se convierte en un modo transpuesto, la respuesta debe disponerse de manera algo distinta. Por ejemplo:

Así pues, según la naturaleza y la diferencia del modo, un mismo y único sujeto ha de formarse a veces de manera distinta en cuanto a su parte que responde. Ea, propón, por favor, otro sujeto.


Joseph. He empleado mucho tiempo buscando una respuesta a este sujeto, y no la he encontrado.
Aloysius. A este sujeto puede responderse de dos maneras: la primera atendiendo al modo, la segunda a la solmisación. Para quien quiera atenerse al modo, el sujeto debe resolverse del género cromático al diatónico del siguiente modo:

En ese caso la respuesta se presenta por sí misma. Por ejemplo:

Vuelto al género cromático, la respuesta se dispondrá así:

Joseph. ¿No podría haberse conservado el sujeto entero en la respuesta, reteniendo todos sus semitonos? Por ejemplo:

Aloysius. De ningún modo, porque el Mi bemol resulta demasiado extraño y en absoluto conveniente al modo Re. Sería distinto si el sujeto estuviera construido de este modo:

Aquí el Mi bemol está insertado en el sujeto de manera sustancial. La segunda manera de responder, atendiendo a la solmisación, es la siguiente. Por ejemplo:


Este modo, por romper menos el sujeto, debe preferirse, en mi opinión, al primero. Casi el mismo sujeto, tomado ascendiendo en la parte que responde, concuerda correctamente en todo, tanto con el modo como con los semitonos. Por ejemplo:

Joseph. Con tu permiso, Maestro, propondré ahora uno o dos temas para instrumentos de cuerda, que tienen un campo más amplio para recorrer, y probaré si soy capaz de construir la parte que responde. Por ejemplo:



Aloysius. Estos sujetos están adaptados a la falta de contención de los tiempos actuales. Pero cuídate, Joseph, de emplear sujetos así, extendidos a tan inmensa longitud y anchura, en una composición a cuatro voces, pues con sujetos tan extravagantes y abstrusos apenas puede evitarse que una parte estorbe a otra. Entre tanto, en la medida en que el sujeto lo permite, la respuesta está bastante bien dispuesta, porque en algunos lugares, según la naturaleza del modo, diste a la parte que responde un salto de cuarta en lugar del salto de quinta de la primera parte, y un salto de tercera en lugar de la progresión de segunda. Confío, pues, en que, atendiendo a lo dicho hasta ahora, no dudarás demasiado en hallar respuestas a sujetos de cualquier tipo. Depende mucho, sin embargo, de la elección de los sujetos, pues no todos los sujetos, sin distinción, pueden desarrollarse igual de bien; esto ha de sopesarse con buen juicio antes de elegir.
No hace mucho se te dijo, Joseph, que, habiendo dejado ya el arduo palenque de las lecciones, tienes libertad de usar toda clase de compás y proporción. El asunto exige ahora que te demuestre de qué manera notas diferentes por su figura y su valor se hacen iguales en valor bajo una medida diferente del compás.

Estas tres notas, diferentes en su figura, tienen el mismo valor a causa de la diferente medida del compás, como los ejemplos ponen de manifiesto. Por ejemplo:

Joseph. Veo con toda claridad esta igualdad de valor entre figuras desiguales; pero ¿para qué la empleas?
Aloysius. Para que llegues a saber dónde, y en qué cuarto del compás, deben emplearse las ligaduras de disonancias. Digo, pues, que en el compás binario marcado con una raya que atraviesa el signo, por ejemplo el compasillo tachado, las ligaduras formadas por disonancias no deben usarse sino en la tesis, o principio del compás, salvo en el siguiente caso.


En el compás indicado con la palabra Presto: en el primer y tercer cuarto del compás. En el compás Adagio: en cualquier cuarto. Examinemos los ejemplos.

Debe cuidarse de no cantar las ligaduras dispuestas según el último ejemplo con un compás más rápido; si así se hiciera, nunca producirían el efecto esperado.
Puesto que creo que nada se ha omitido, sino que se te ha enseñado todo aquello por cuyo medio los pensamientos, ideas y conceptos formados en la mente pueden confiarse al papel según las reglas del arte, resta hablar de la elección, mediante la cual, al abrazar una idea antes que otra, obtenemos el elogio del buen gusto.