Arnold Schoenberg · sección 7 de 66
Las tríadas diatónicas
Lee y escucha esta sección en la edición reproducible →Comenzamos construyendo sobre cada sonido de la escala una tríada según el modelo de la tríada fundamental. Al hacerlo —para enunciar aquí de una vez un principio que encontrará muchas aplicaciones después—, transferimos a otros casos, imitamos, lo que hemos observado en un caso modelo. Estas tríadas, sin embargo, no han de ser tríadas fundamentales como el modelo, sino, por causa de la tonalidad, reproducciones libres de la idea: fundamental, tercera y quinta, o de los números de intervalo 1–3–5. Para sus terceras y quintas no usamos los intervalos inherentes al sonido, si cabe expresarlo así —sobre el segundo sonido de la escala de Do mayor, Re, por tanto no Fa sostenido y La—, sino, para asegurar el efecto de tonalidad ya en nuestros primeros ejercicios, los diatónicos, es decir, Fa y La. En otras palabras: en los siete acordes que construimos sobre los siete sonidos de la escala mayor no usamos otros sonidos que esos mismos siete: los sonidos diatónicos.
Así pues, las tríadas formadas con sonidos diatónicos en Do mayor son las siguientes:

Los sonidos individuales de la escala, en cuanto son fundamentales —es decir, los sonidos más graves de una tríada—, se llaman grados. Así, Do en la tríada Do–Mi–Sol es el primer grado, Re en la tríada Re–Fa–La el segundo grado, Mi en Mi–Sol–Si el tercer grado, y así sucesivamente. Las tríadas difieren en su construcción. Encontramos algunas en las que, contando hacia arriba, una tercera mayor y una tercera menor adyacente forman una quinta justa; otras en las que la quinta justa surge en el orden inverso, primero la tercera menor y luego la mayor; y una cuya quinta disminuida se forma con dos intervalos iguales, dos terceras menores. Las tríadas de la primera clase, tríadas mayores, aparecen en los grados I, IV y V; las de la segunda, tríadas menores, en los grados II, III y VI; la tercera clase, la tríada disminuida, solo en el grado VII. Conviene señalar enseguida una distinción importante. La tríada del grado I es, en efecto, una tríada mayor, pues es la tríada de la que toma su nombre la tonalidad mayor en cuestión. Las otras dos tríadas construidas como ella, las de los grados IV y V, también suelen llamarse tríadas mayores, y en este sentido se habla de la tríada de Fa mayor o Sol mayor. Pero esto es en realidad erróneo y confuso. En Do mayor solo hay una tríada con derecho al nombre de tríada mayor: la del grado I. Las otras dos, grados IV y V, nunca deberían llamarse Fa mayor o Sol mayor, porque esto podría crear la impresión equivocada de que se alude a una tonalidad, la de Fa mayor o Sol mayor. Es igualmente erróneo hablar de los grados II, III y VI como tríadas de Re menor, Mi menor o La menor. Lo más práctico es emplear los términos grado I, II, III, etcétera, o decir: tríada sobre Sol o La con tercera mayor o menor. En cualquier caso, pronto se recuerda cuáles de estos grados tienen tercera mayor o menor, cuáles tienen carácter mayor o menor. También se emplean los nombres de tónica para I, dominante para V, dominante inferior o subdominante para IV, mediante superior para III, mediante inferior para VI, y tríada disminuida para el grado VII. En circunstancias especiales, el grado II también lleva un nombre; se mencionará cuando llegue la ocasión.
El término dominante para el grado V no es del todo correcto, en rigor. Dominante significa el que gobierna y, por tanto, implicaría que el grado V gobierna a uno o varios de los demás. Naturalmente, esto solo puede ser una metáfora, pero incluso como tal me parece incorrecta, pues el quinto sonido, la quinta, aparece naturalmente más tarde en la serie de armónicos que la fundamental y tiene, por ello, menos importancia para la sonoridad que la fundamental, que aparece antes y, por tanto, con más frecuencia. La relación se caracteriza, pues, más por la dependencia de la quinta respecto de la fundamental que por lo contrario, que la fundamental sea gobernada por la quinta. Si algo domina, solo puede ser la fundamental; y cada fundamental puede a su vez ser gobernada por un sonido situado una quinta por debajo, en cuya serie de armónicos aparece como quinta, en segundo lugar. Para que la metáfora fuera correcta, la fundamental tendría que llevar la designación de dominante, pues no debería describirse algo de importancia subordinada como gobernante de algo de importancia superior. Conservo el término dominante para no causar confusión con una nueva terminología y porque, como se mostrará más adelante, este acorde, aunque no gobierne la tonalidad, sí gobierna una parte de ella, su región superior, la región de la dominante superior. Pero quede mencionado desde ahora que mucho de lo que diré sobre los valores de los grados respecto de su capacidad de formar sucesiones, progresiones de acordes, se apoya en este reconocimiento: que la tónica es quien gobierna y la dominante quien es gobernada.
El nombre dominante suele justificarse afirmando que el grado I aparece por efecto del grado V. I sería entonces una consecuencia de V. Pero algo no puede ser la causa de un fenómeno y al mismo tiempo también el efecto de ese mismo fenómeno. Y I es, en efecto, la causa de V, pues V es su armónico. Ciertamente, al grado V le sigue el grado I. Pero aquí se confunden los dos sentidos de la palabra «seguir». Seguir significa obedecer, pero también venir después. Y cuando la tónica sigue a la dominante, es solo como cuando un rey envía por delante a su vasallo, maestro de ceremonias o aposentador para preparar debidamente la llegada del rey, que entonces, desde luego, lo sigue. Pero el vasallo existe por el rey, y no al revés.