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Schoenberg, Tratado de armonía · Español

Arnold Schoenberg · sección 15 de 66

Enlace de tríadas y acordes de sexta

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La tarea consiste ahora en examinar y realizar los enlaces dados en las tres tablas, A, B y C.

A. Root-position triad on I with sixth chords on I, III, IV, V, VI; on II with those on II, IV, V, VI, VII; on III with those on III, V, VI, I; and so forth; on
Fig. 32 · Verlo en el lector

El alumno hará bien en trabajar estas tablas por completo, si es posible en varias tonalidades. Aquí surgen por primera vez dificultades de conducción de las voces, y lo mejor es ocuparse de estas cuestiones de una sola vez. Conviene adquirir aquí la práctica necesaria para no fracasar después en asuntos más importantes por no saber manejar la conducción de las voces.

23. A) or:
Fig. 33 · Verlo en el lector
bad because of parallel octaves; good; not very good because of doubling the third; better.
Fig. 34 · Verlo en el lector
B) bad; good; doubled third; better.
Fig. 35 · Verlo en el lector
bad; good.
Fig. 36 · Verlo en el lector
C) A leap, but good!
Fig. 37 · Verlo en el lector

Aquí solo se ha trabajado el grado I. Siguiendo este modelo, el alumno debería trabajar también los demás grados: ¡no olvidar otras tonalidades! En algunos casos tendrá que evitar octavas o quintas paralelas manifiestas. En otros será necesario renunciar a mantener ciertos sonidos comunes, pues de otro modo se duplicaría la tercera innecesariamente.

Enlazar una tríada con una inversión de la misma tríada, o a la inversa —por ejemplo, I–I en primera inversión, II en primera inversión–II, IV–IV en segunda inversión o V en primera inversión–V en segunda inversión—, se llama intercambio. Dos o más voces, una de las cuales en nuestro caso es el bajo, intercambian sus funciones sin que se produzca ningún cambio armónico. Los intercambios tienen, por tanto, solo valor melódico.

El alumno debe trabajar cada caso dos veces: ¡al menos dos veces! En una ocasión, el acorde en primera inversión debería tener la fundamental duplicada a la octava; en la otra, la quinta duplicada. Esto da siempre soluciones distintas y a menudo nuevas dificultades. El alumno debería buscarlas y encontrar, tan a menudo como sea posible, más de dos soluciones, pues casi cada disposición revela algo distinto. También es aconsejable probar este caso: un acorde inicial con la quinta duplicada.

El grado VII requiere especial atención.

24. a) b) c) d) ? Doubling the third. e)
Fig. 38 · Verlo en el lector
f) Doubling the third. g) h) i) k) l) Diminished leap. m)
Fig. 39 · Verlo en el lector

En el ejemplo 24d encontramos un caso nuevo. Aquí el acorde del grado II está en primera inversión, de modo que Fa, necesario para preparar la quinta disminuida, aparece solo en el bajo; el bajo debe pasar a Si en el acorde siguiente. Así, la quinta disminuida no puede prepararse a menos que Fa aparezca también en una voz superior. Aquí, por tanto, debe duplicarse Fa, la tercera. Lo que merece atención es cómo la necesidad prevalece sobre una instrucción. Algo semejante ocurre en 24i y l. En i, el Do del tenor no podía pasar a Si por las octavas paralelas con la soprano, ni a Fa porque, como disonancia, no debía duplicarse. El único camino restante es pasar a Re, es decir, duplicar la tercera en el acorde en primera inversión del grado VII. Otra solución del mismo problema se muestra en k, donde se duplicó la tercera en el primer acorde. En 24l, el tenor está obligado, por la misma razón que en i, a saltar una quinta disminuida. Según las reglas antiguas, tal salto debería evitarse por ser antimelódico o, quizá con mayor exactitud, por ser difícil de cantar afinado. En general, también nosotros evitaremos estos saltos, como ya he dicho, para no perturbar el equilibrio estilístico. Pero cuando la necesidad nos obligue a hacer tal movimiento —que, por cierto, es inevitable en el bajo—, intentaremos, siempre que sea posible, resolver, por así decirlo, la disonancia contenida en un intervalo disminuido o aumentado, es decir, su dificultad de afinación. La mejor manera es conducir Si, la «sensible ascendente», hacia arriba hasta Do, y Fa, la «sensible descendente», hacia abajo hasta Mi. Como esto no siempre es posible, el ejemplo 25 ofrece otras posibilidades, en los compases 5–10.

25.
Fig. 40 · Verlo en el lector

La atención cuidadosa a estos pequeños detalles permite conseguir un acabado formal redondeado, que me parece una base útil para desarrollar el sentido de la forma. Naturalmente, los ejemplos todavía no sonarán particularmente «conmovedores», pero ya no tienen por qué ser tan rígidos como los primeros.

El alumno debe usar ahora también acordes en primera inversión al construir las pequeñas realizaciones, tomando como guía lo siguiente: donde pueda estar una tríada, puede usarse un acorde en primera inversión; solo el comienzo y el final, siempre grado I, van en estado fundamental. Si hay que repetir un grado dentro de una realización, conviene usar su primera inversión en una ocasión. Sin embargo, no será bueno usar demasiados acordes en primera inversión. Las realizaciones pueden tener ahora de ocho a doce acordes. Alargarlas es innecesario, pues de otro modo harían falta demasiadas repeticiones. El Ejemplo 26 muestra varias realizaciones de este tipo.

26. a) b)
Fig. 41 · Verlo en el lector
26. c) d)
Fig. 42 · Verlo en el lector
26. e)
Fig. 43 · Verlo en el lector

Al decidir entre un acorde en primera inversión y el estado fundamental, naturalmente hay que considerar también la línea melódica del bajo. En general, el bajo debería evitar, si es posible, permanecer en una nota. A veces puede evitarse, como en el ejemplo 26a, cambiando de registro mediante un salto de octava; otras veces, eligiendo primera inversión en lugar de estado fundamental, o a la inversa. Incluso las repeticiones de la misma nota del bajo con una o dos notas distintas interpuestas pueden producir un efecto paralizante. Si, por ejemplo, hubiera tomado el grado VI en primera inversión en 26a en vez de en estado fundamental, ni siquiera un salto a la octava inferior habría ayudado mucho. El alumno debería evitar tales repeticiones siempre que sea posible, y el profesor debería corregirlas; pues donde, como aquí, la repetición no se justifica por un motivo, su efecto es pobre. Ocurre de otro modo en 26e, donde la repetición de Do y Mi apenas debería molestar. Esto se debe menos a que intervengan dos acordes en un caso y tres en el otro que a que la continuación tras las notas repetidas del bajo toma una dirección distinta cada vez. Así, al juzgar si una línea de bajo es buena, el único principio melódico que inicialmente hay que considerar es la variedad. Si las notas repetidas son inevitables, al menos deberían interponerse algunas otras notas, o la línea debería cambiar de dirección. El alumno hará bien también en atender ya a la nota más aguda de una línea. Esta debería tratarse siempre como punto culminante: debería aparecer solo una vez, pues su repetición suele perturbar más perceptiblemente que la de otras notas menos llamativas.