1. Evitar movimientos antimelódicos: movimientos disonantes o que producen una disonancia. Es aconsejable evitarlos mientras nuestra armonía todavía no utilice acordes alterados. Serían inadecuados para los acordes que utilizamos hasta ese punto; 2. evitar repeticiones perturbadoras de secuencias de notas, especialmente cuando también se construye la misma armonía sobre las mismas notas; 3. mantener, cuando sea posible, un único punto más alto y quizá también un único punto más bajo;
4. Usar tanta variedad como sea posible en sucesiones de intervalos que se mueven por grado conjunto y por salto, procurando mantener cierto registro medio; 5. si la voz abandona este registro medio por salto, una sucesión o un salto debería, si es posible, devolverla pronto a él; y a la inversa: el cambio de registro debería equilibrarse de nuevo; 6. si se ha abandonado el registro medio por grado conjunto, un salto de octava, por ejemplo, podría restablecer el equilibrio; 7. si la repetición de una nota o secuencia de notas es inevitable, un cambio posterior de dirección podría ayudar.
En la medida en que estas instrucciones se aplican, valen por igual para soprano y bajo. En efecto, si el alumno pudiera tenerlas en cuenta también en las voces interiores, esto sin duda mejoraría la fluidez del efecto general. Pero por ahora no necesita llegar tan lejos; basta elaborar las dos voces exteriores con el mayor cuidado posible.