Antes de comenzar esta sección, recordaré al lector los principios generales expuestos al principio del capítulo.
La textura armónica, compuesta de acordes sencillos o diseños ornamentales, de carácter simple o contrapuntístico, debe poseer una resonancia distribuida uniformemente. Esto puede lograrse por los siguientes medios:
1. Los instrumentos que forman los acordes deben utilizarse del mismo modo durante todo un pasaje; es decir, deben estar duplicados o sin duplicar en todo momento, salvo cuando se quiera destacar una voz armónica:
4. Deben asignarse consonancias (octavas, terceras y sextas), no disonancias (quintas, cuartas, segundas y séptimas), a instrumentos de la misma clase o color, salvo cuando se desee acentuar las disonancias. Esta regla debe observarse especialmente al escribir para el oboe, por su timbre penetrante: